jueves, 18 de junio de 2015

Crónica o el retrato de las pérdidas

Es curioso, sucede que algunas veces alguien me pone un poema, me manda un poema, un verso y resulta que llega justo en el momento indicado. Quizá por eso sigo creyendo en la poesía...

 Te digo que recién perdí la última pluma fuente que me quedaba, amarilla y linda. Las últimas veces fueron un desastre total: lágrimas interminables y la tristeza inabarcable. Esta vez me resigné a la pérdida, ya sabes, esas plumas necesitaban ser perdidas, vaya una a saber por qué...

Luego perdí los nudos de mi cabello, lo cual también solía ser un desastre. Cortarme el cabello representaba un ritual de profunda tristeza. Esta vez fue algo refrescante...

Luego está mi padre quién recién terminó su vida laboral y no sabe cómo elaborar la experiencia. Y yo tampoco sé cómo hacerlo, cuál de todas las teorías y conceptos y análisis me sirve para decirle a mi padre que no todo está perdido, pero sí, que algo se perdió y que no es necesariamente un desastre. Ahora piensa que esta pérdida marca el inicio del final de su vida... Y yo intento regalarle todos mis años...

 Y luego estoy yo, que casi siempre me pierdo una hora antes de llegar a cualquier lado, porque en algún punto decidí aprenderme de memoria los poemas pero no los nombres de las calles, ni las estaciones del metro, ni las vialidades, ni nada. Por lo regular llego a los sitios gracias a la memoria, a la imagen que guardo de las cosas, ya sabes, una casa azul, la esquina con un árbol gigante, la banca de un verde desgastado...Recuerdo que perderme en Argentina era parte de mi estar bien, feliz. Podría jurar que muchas de esas veces, mientras estaba perdida me encontré.

Pero no te engaño, aún hay pérdidas que me parecen un desastre total y absoluto. Aún no domino el arte de perder... Pero a partir de ciertas pérdidas encontré mis manos, llevaba un tiempo sin sentirlas, también encontré astromelias y una buena forma de tomar té, luego encontré un par de amigos y re-encontré el color verde en todas sus tremendas características, me encontré con los viajes largos y cansados, las sonrisas sinceras, las personas combativas, las mujeres que no conocía, los lugares que ya no visitaba, los libros que ya no leía y hasta un rincón donde la lluvia no parece demasiado mala.

Aunque siempre pienso en los universos que uno se pierde en el camino del no ver, no ver ni tantito. Yo, que me he encontrado con universos tan fuertes, tan bellos, como el tuyo. Una se pierde tantas cosas, tantas formas de ver, de ser, de estar, de sentir. El tiempo es un monstruo depredador. Todavía busco algo que no quiera ser perdido, algo que aprehender... 

Aún sigo contando mis pérdidas, pero ahora mismo no es un desastre. 


Te abrazo

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